Antes de encender la parrilla, definimos cada paso: selección de proveedores en Palermo, pruebas de relleno, tiempos de servicio y qué esperar cuando llegás a Thames 912.
Antes de avanzar con cualquier pedido, conviene dejar por escrito qué significa cada etapa y qué no entra dentro de nuestro alcance. Estas definiciones evitan malentendidos entre la cocina y quien reserva.
Cuando decimos autor nos referimos a una receta propia con proporciones fijas, no a una versión libre que cambia según el día. Si un ingrediente falta, se avisa antes de servir y se ofrece una alternativa concreta, nunca una sustitución silenciosa.
Los tiempos que publicamos en cada etapa son estimaciones de cocina en servicio normal. Fines de semana, eventos privados o pedidos grandes pueden extenderlos. No tomamos como compromiso un horario exacto de entrega si la cocina está saturada.
Trabajamos en una cocina compartida donde hay gluten, lácteos, frutos secos y huevo. Podemos adaptar preparaciones, pero no garantizamos ausencia total de trazas. Si la reacción es severa, conviene consultar antes de reservar.
Una reserva confirmada se puede modificar hasta 24 horas antes sin costo. Después de ese plazo, la cocina ya compró y preparó insumos para esa mesa, así que los cambios quedan sujetos a disponibilidad real del día.
No hacemos catering fuera de Palermo ni entregas a domicilio fuera del radio que figura en contacto. Tampoco personalizamos recetas por pedido individual: el menú rota por temporada, no por preferencia puntual.
Los datos que deja una reserva se usan solo para confirmar la mesa y avisar cambios de horario. No se comparten con terceros ni se usan para envíos promocionales. Los detalles completos están en las páginas de privacidad y términos.
Cualquier situación que no esté contemplada acá se resuelve por escrito antes de confirmar el pedido, no durante el servicio.
Cada plato que sale de la cocina de Thames 912 pasó antes por pruebas, descartes y ajustes. Este es el recorrido real de una receta, desde la idea hasta la carta.
Arrancamos con tres masas distintas y un relleno de osobuco braseado. La que funcionó fue la de reposo corto: aguanta la fritura sin quedar aceitosa y mantiene el jugo adentro. Descartamos la masa hojaldrada porque se abría en el aceite.
Probamos seis panes para el choripán antes de quedarnos con un brioche salado de miga firme. En paralelo bajamos el vinagre del chimichurri y subimos perejil fresco con ají molido ahumado. El resultado se probó en una jornada de servicio completo antes de entrar a carta.
Definimos horma de 1,5 cm, reposo en frío y golpe de calor alto al final para formar costra. El orégano se agrega fuera del fuego. Fue el cambio que separó una provoleta fundente de un bloque elástico cuando se enfría en la mesa.
Trabajamos el flan casero y el alfajor de maicena en porciones chicas, pensadas para comer de pie. La clave fue reducir el dulce de leche y subir el punto de sal en la masa para que no empalague. Se sumaron a la carta después de dos rondas de degustación con el equipo de cocina.
Con el local lleno los fines de semana, medimos tiempos de armado y fritura por plato. Ajustamos mise en place y dejamos tres preparaciones que no resistían el volumen fuera de la carta fija. Desde entonces la rotación se revisa cada trimestre.